Rompiendo tus Cadenas
¿Cuantas veces nos encontramos frustrados al ver que nuestras metas y objetivos no se han hecho realidad?
Cuantas otras ante esa frustración vertimos nuestra rabia y echamos culpas a factores externos como la edad, falta de oportunidades, a nuestros enemigos, a nuestra familia, a la economía del país, a nuestra empresa, echamos culpas a todos menos al único y verdadero responsable... ¡uno mismo!
Esto trae a mi memoria esa historia que contaba mi madre...
...érase en un tiempo la costumbre en aquella aldea, que a todo anciano al llegar ya el tiempo en el que era una carga por su inutilidad, se le llevaba lejos del pueblo, se le dejaba en cierto monte y en pocos días, en la soledad... sin alimentos y sin abrigo... terminaba sus días aquel viejecito... y su familia en paz pues esa era la tradición de la aldea...
En uno de esos hogares se encontraba un anciano cansado ya de la vida y sin poder valerse por si mismo...
... la nuera vio llegado el momento, y le hizo al esposo ver que su padre era ya una carga en el hogar... y así entre ambos fijaron fecha y día para llevarlo hasta dicho lugar a las afueras del pueblo.
Llegado ese día muy temprano, antes de que el sol saliera, aquel hijo con tristeza cargo en sus espaldas a su padre, envuelto solamente su cuerpo en una sabana como era la costumbre... y así se le vio salir de aquel pueblo con su padre en hombros.
Aquel hijo, camino y camino entre lagrimas y sollozos, hasta que el sol y el cansancio le hicieron notar a mitad del camino una gran piedra que sintió como oasis en medio del desierto. Bajo al padre en esa piedra y los dos se sentaron a descansar...
El padre al ver a su hijo con su cara de tristeza y las lagrimas que corrían por su rostro, le dijo: “hijo, no te sientas afligido por lo que tu hoy vas a hacer... en esta piedra me senté cuando traje yo a tu abuelo... y el a su vez me contó haber hecho lo mismo cuando a su padre le toco cargar... esta es la tradición de nuestro pueblo”.
... el hijo quedo pensando en lo que le dijo su padre, y envolviendo nuevamente al anciano, lo acomodo en sus espaldas y regresando por sus pasos le dijo: aquí rompo la cadena, padre... nos regresamos a casa.
Hoy te invito a romper con tus cadenas, temores y miedos mentales y te animo a que te atrevas ir mas allá de tus propios limites, realizar aquello que no te has atrevido aun a realizar, esos sueños y proyectos que se encuentran en tu mente y que los has estado postergando por temor o cobardía al futuro y al cambio.
Tu misión en esta vida... es traer del reino de lo invisible al reino de lo visible todo lo que Dios ha puesto en tu mente.
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